Bajé nerviosa de aquel enorme aparato que me había traído por los aires hasta un sitio nuevo.
Caminé por el pasillo, con paso acelerado, deseando que mi maleta no tardase.
Y, como si las hadas me hubiesen oído, salió la primera.
La cogí y fui caminando hasta aquellas puertas.
Habían miles de rostros allí, pero yo sólo ví uno: el de ella
Toda vestida de blanco, caminó hacia mí, muy seria.
Cuando salvamos la barrera que nos separaba, me dio un abrazo.
Nunca me habían abrazado con miedo a que me desvaneciera...
Las palabras salían de la boca sin sentido, y las sonrisas no podían contenerse.
Pero las miradas no se cruzaron. Hasta que estuvimos justo enfrente.
De repente, aquellos ojos me miraron con esa mezcla de decisión y dulzura.
Determinados a decirme tantas cosas sin hablar...
Mi corazón dio un vuelco y aceleró a mil por hora
en esos momentos, no sabes dónde poner las manos
pero mi cuerpo sí supo dónde poner los labios.
Y la besé en aquellas escaleras que nos transportaban hacia abajo,
mientras nosotras, sin embargo, volábamos tan alto.
[En aquel momento entendí
que jamás volvería a desear besar a nadie más]
Un instante que paró el mundo
23:00 |
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






0 comentarios:
Publicar un comentario